Ni flores, ni funeral, ni cenizas ni tantán es una historia de superación, ternura y humanidad. Centrada en los cuidados paliativos y en el «buen morir», la pieza es un viaje que nos empuja a afrontar la vida con alegría y a preguntarnos cómo será el final de ésta.
El Camino de Santiago como metáfora de la vida brinda el marco para adentrarnos en un tema, el de los cuidados paliativos, a través de una de las rutas más famosas del mundo para trasladarnos a ese viaje que nos es común a todos los seres humanos: el de la vida.